La gran cascada era la primera visión que el
peregrino recibía al bajar la montaña y encontrar el pueblo. Como de costumbre
en todo sitio que no tiene mucha edad, nadie pregunta por un forastero ya que
en parte todos lo somos.
Llegó muy temprano, con las botas gastadas
camufladas por el barro, un morral de cuero café, y una campera que lo protegía
de los cambios del tiempo. Se quedó en un hostal cerca de la plaza, buscaba
descansar. Tanto fue así, que perdió la noción del tiempo, habia andado
demasiado sintió hambre y como no halló muchos sitios de comida, ingresó en un
pequeño dispensario de ramo general. Acostumbrado a la ciudad, a la tecnología,
le pareció haber caído de pronto en un espacio perdido del tiempo.
Aquello era todo un arcón, desde los estantes
y la escalera rudimentaria hasta la mezcla de mercadería adelante con un fondo
de rollos de tela, que aterrizaban sobre una vieja alfombra. Todo esto le
atraía y es que se especializaba en capturar imágenes, detalles en una vitácora
y pequeños objetos que atesoraba de cada aventura.
Pero esto no era lo particular, es que la
belleza de aquella alfombra estaba sellada por un paisaje casi de ensueño. Por
un momento, le pareció familiar pero tantas imágenes captadas en los últimos 15
dias se fusionaban a veces.
-Buenos dias, en que puedo ayudarlo –
interrumpio su recorrida una voz- el hombre tenía unos 70 años y una mirada
algo cansada pero llena de paz.
-
Ah, perdón por no anunciarme, solo
ingresé buscando comprar provisiones, pero reconozco que tiene usted cosas muy
interesantes.
-
Veo que le gusto la alfombra, fue
tejida hace mucho tiempo
-
El lugar,
-
Es la cascada que rodea el puente
de ingreso al pueblo, me extraña que no la haya visto
-
Si , es que he llegado caminando
desde hace varios días buscando el pueblo de “Leon”, pero el tren me dejo en la
última estacion y no pensé que fuese tan lejos.
-
Mi Estimado amigo, lamento decirle
que este no es el pueblo de León , este es el paraje de “
-
El nombre esta dado por el lugar
-
No mas bien por la leyenda.
El forastero, se
ubicó en la hamaca y con mucha atención siguió el relato
Finalizado se hizo
un silencio, volvió a mirar la piedras de la alfombra y reconoció que era
increíble. Se envolvió la bufanda y regresó al hostal
A la mañana
siguiente, se dirigió directamente allí al pasar por el costado, bajó y se
sintió tentado, tomó agua entre su manos y bebió de ella.
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