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martes, 29 de diciembre de 2020
viernes, 6 de noviembre de 2020
viernes, 25 de septiembre de 2020
La Red . Poesía. Dialectos de Magia Tierra y viento
La Red
Y
llevaba repleta mi red, con polvo de mariposas
Pero
tropecé ,
cuando
iba encandilada.
Solté
amarras y
mitad
ola
mitad
nubes
Se
hicieron mar en el cielo enamoradas
Sentada
en el suelo sin desencanto,
con
la emoción vestida de milagro.
En
una línea de frontera
sobre
mi mejilla.
Quiso
ese instante de vida
de ilusión cruzar lo dedos.
Celebrar en la belleza
un cambio.
Mitad
magia, mitad color
se
hizo a la vida.
Inventado
ventanas para el sol
que
despertamos.
Anidó
en bocas.
Acunó
labios.
Y se
infiltró en las pupilas
Para
que la sonrisa
Irreverente
Jamás
tuviera reparos.
Espacios para el Amor . Poesía
Hay rincones y espacios conocidos
donde el amor espera.
Aguarda como un tigre insaciable
o muta en flor
Puedes tomar el errado, o
involuntario que lo mismo se agiganta
Como cardumen de abejas
invisibles
Les puedo hablar de un león desordenado
por tipas y aromos,
De floristas y poetas
Un oasis en el tumulto, donde el
romance vuela a las fuentes
En perspectiva lejos de humo y el
bullicio
Todavía esperan los balcones,
arrumbrados
que desteñidos reciben serenatas
Ven danzar al amor en todo
tiempo, cuando callan las luces
atisbando besos en burbujas
Ensimismados en un banco de lujo
donde los amantes viajan
Veo el portal de la pasión en mi Alameda, testigo
de retretas y confesos
Veo latir bajo una sombrilla de
café olvidado, la primera señal del corazón
Un milagro
A veces no merezco el privilegio de ser fantasma y
espía,
Obnubilada bajo las estrellas o a pleno sol.
Sigo adelante en mi camino
predilecto
paso sonriendo con este amor.
La cascada
La gran cascada era la primera visión que el
peregrino recibía al bajar la montaña y encontrar el pueblo. Como de costumbre
en todo sitio que no tiene mucha edad, nadie pregunta por un forastero ya que
en parte todos lo somos.
Llegó muy temprano, con las botas gastadas
camufladas por el barro, un morral de cuero café, y una campera que lo protegía
de los cambios del tiempo. Se quedó en un hostal cerca de la plaza, buscaba
descansar. Tanto fue así, que perdió la noción del tiempo, habia andado
demasiado sintió hambre y como no halló muchos sitios de comida, ingresó en un
pequeño dispensario de ramo general. Acostumbrado a la ciudad, a la tecnología,
le pareció haber caído de pronto en un espacio perdido del tiempo.
Aquello era todo un arcón, desde los estantes
y la escalera rudimentaria hasta la mezcla de mercadería adelante con un fondo
de rollos de tela, que aterrizaban sobre una vieja alfombra. Todo esto le
atraía y es que se especializaba en capturar imágenes, detalles en una vitácora
y pequeños objetos que atesoraba de cada aventura.
Pero esto no era lo particular, es que la
belleza de aquella alfombra estaba sellada por un paisaje casi de ensueño. Por
un momento, le pareció familiar pero tantas imágenes captadas en los últimos 15
dias se fusionaban a veces.
-Buenos dias, en que puedo ayudarlo –
interrumpio su recorrida una voz- el hombre tenía unos 70 años y una mirada
algo cansada pero llena de paz.
-
Ah, perdón por no anunciarme, solo
ingresé buscando comprar provisiones, pero reconozco que tiene usted cosas muy
interesantes.
-
Veo que le gusto la alfombra, fue
tejida hace mucho tiempo
-
El lugar,
-
Es la cascada que rodea el puente
de ingreso al pueblo, me extraña que no la haya visto
-
Si , es que he llegado caminando
desde hace varios días buscando el pueblo de “Leon”, pero el tren me dejo en la
última estacion y no pensé que fuese tan lejos.
-
Mi Estimado amigo, lamento decirle
que este no es el pueblo de León , este es el paraje de “
-
El nombre esta dado por el lugar
-
No mas bien por la leyenda.
El forastero, se
ubicó en la hamaca y con mucha atención siguió el relato
Finalizado se hizo
un silencio, volvió a mirar la piedras de la alfombra y reconoció que era
increíble. Se envolvió la bufanda y regresó al hostal
A la mañana
siguiente, se dirigió directamente allí al pasar por el costado, bajó y se
sintió tentado, tomó agua entre su manos y bebió de ella.
El rapto del rey
Sucedió una vez en un pueblo cercano a la Alambra, un príncipe Moro, que llego de las cruzadas con botín de su ocupación. Era más Moro que humano, ojos negros profundos cabello crespo, y piel ensombrecida. Su nombre era Abdul, Como una legión de hormigas tomó posadas, casas techos y no dejó rincón.
Un día en sus pocos momentos de descanso miró desde el camino como el Río tinto atravesaba la pradera florecida y sintió deseos de descansar. En su andar bajó de su toledano ataviado de plata y joyas, y soltando la rienda se dispuso a caminar Se encontraba tendido y cubierto por los pastizales, solo el cielo por sobre su cabeza y sintió deseos de quedarse así, no había nada en el mundo que más quisiera conquistar. Parpadeó, y entre los sueños de su siesta, una risa como música en el agua, lo despertó. Se incorporó y la vió blanca, ataviada sola en su piel, llena de luz , de día y sol. . Rodeada de sus sirvientes y por Alá que solo sería su último tesoro. Hecho de guerras y metal, Abdul no tardó en saber todo sobre Virginia, quien se cruzo en su camino rumbo a su castillo. Preparó una pequeña emboscada que no resulto. Desde entonces la corte y su guardia quedaron en alerta. El Moro ya no distinguía entre la meta y su capricho, y fue decidido a tomar el reino entero . Virginia por su lado ahora sentía que tenía la sombra que antes no conocía y le dolía ver su tierra arrasada, poco apoco por Abdul. El rey quiso intentar el diálogo pero era más el capricho. Esa noche todo estaba listo y la toma era inminente, Virginia no tenía salida , y pensó en huir.
Fue entonces que su sierva la ocultó tras un pasadizo que nadie conocía un gran reloj, cuyo péndulo abría la puerta a un cobertizo. Abdul cruzó salones, galerías, voló sobre las escaleras sin herir a nadie, pero no dejó espacio sin revisar halló los más recónditos, escondites, que ni el rey conocía, y si era cierto la mentira sobre el Viaje de Virginia le daría pase para volver Fue increíble la alianza de sus sirvientes, las formas de acercarle la comida, hasta descubrir que Abdul tenía una debilidad, odiaba las doce campanadas del péndulo, razón por la cual a medianoche se mantenía lejos de aquella estancia del castillo y se encerraba en una torre hasta el amanecer. Durante ese momento Virginia aprovechaba su libertad, y recorría todos los espacios no vigilados, salía al bosque y en alguna ocasión su presencia se transformó den el rumor de un fantasma. Un hechizo sobre el bosque basado en alguna venganza de los espíritus de la noche y alguna que otra superstición de maldiciones gitanas a causa del Moro. Pasaron tres años y el Moro no entendía la tranquilidad del rey, elaboró miles de teorías, y no comprendía la paz que había aún con esclavitud. Solo era víctima de sus doce campanadas cada medianoche.
Se sentía solo, y los sobrepasó la angustia de su capricho. Ella era libre cada noche, y disfrutaba de la paz, en su alma, pero, comenzó a sentir pena del represor. Cierta noche vió la silueta oscura por los pasillos, oscura de dolor y egoísmo, de soledad que traspasaba la piel. Como una rosa seca, en un último aliento. No había nacido esclava ni mora, pero le pesaba ese dolor, así fue que una noche mientras Abdul dormía, por un pasadizo ingreso a su aposento, y se quedó de pie junto a su cama. - Princesa ¡ se sobresaltó Abdul- estoy arrepentido del dolor que he causado - Soy un Alma que he venido a darte paz, por un capricho has tomado , mi reino, tratando de alcanzar por la fuerza lo que no has pedido en tiempos de paz y parte de la amistad, nace de la confianza.
Abdul se arrojó a sus pies, y le pidió perdón, prometió cambiar si su espíritu no lo abandonaba, y prometió regresarle su reino. Jamás se volvió a saber de él, nadie lo vió partir, y nadie lo vió quedarse, tan solo los espíritus que de noche dominan el bosque , ven encenderse cada anochecer la luz de la torre.
Video de obras
https://youtu.be/XbY7s19sntI?feature=shared
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