La plaza… la misma de todas
las veces. Descorazonada a cielo abierto por un sol espléndido y el pasto tan
verde que dolían las pupilas… Fue en la siesta un día de semana, mientras la
juventud se remojaba alrededor de la fuente.
Surgiendo del agua, como en
las mejores épocas de carnaval, llevaban adelante todas esas mímicas típicas de
la edad. Una de de ellas recién encendía un faso, cuando el clima cambió de un
segundo a otro. Las nubes se aceleraron como en el efecto de un video y ella se
quedó estática parada justo frente al museo y empapado de la revisión.
La masa negra compacta giraba
sobre la cabeza, como el centro de un tornado, no era tierra no era viento
exactamente, las bestias estaban sobre sus ojos como en su cabeza y volando en
círculos comenzaron a descender. El escaso público de un día radiante se esfumó
despavorido y las imágenes se abalanzaron sobre cada uno sin prisa, igual que
un presagio negro. Estática esperé, no se que cosa, pero me di cuenta que
obedecían a mis movimientos.
La vorágine seguía centrada
en la plaza y al descubrir su poder sintió que podía alejar aquel mal del
lugar. Comenzó entonces a correr lejos del centro del lugar como la única idea
tentativa y esperaba reacción de aquel entorno. No supo cuanto había corrido,
se detuvo a tomar aire y miró hacia atrás pero la nube no regresaba. Casi sin
aliento se encontró en terrenos fuera del parque central, ingresó en un silo
abandonado temiendo lo peor y una vez adentro, comenzó a subir hasta el
nivel medio por una escalera caracol. Los sonidos que provenían de la ciudad
comenzaron a ensordecerlo y gritó.
Gritó muy fuerte, llamando en
otra lengua. Se arrodilló en el piso helado y al mirar hacia arriba, noto
que por la ventana altísima asomaron una a una las cabezas negras. Continuó
alzando el brazo y los espantos entraron al silo uno a uno, creyó por un
instante que esos gigantes estallarían el techo pero en su lugar, sólo
cambiaron de tamaño como cuervos que sobrevolaban todos por el interior de
tejado cónico y aún agitada, se levantó mirando la cúpula, en el instante en
que cada uno se posaba en el mas alto barandal d la viga mayor. Así esperó.
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